Eta y Iota a un año del desastre

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     Han pasado 12 meses del paso de los fenómenos naturales Eta y Iota en Honduras. Las afectaciones que dejaron en todo el país siguen vigentes en las familias que perdieron todo; sus viviendas, sus cultivos, familiares y hasta sus sueños. Ya con una crisis sanitaria en el país enfrentarse a una catástrofe de este nivel fue un golpe final para Honduras.

     En noviembre, las primeras lluvias provocadas por la Tormenta Eta llegaban por el Mar Caribe y después de tocar tierra en Nicaragua el 3 de noviembre de 2020, el Huracán Eta de categoría 4 trajo lluvias torrenciales y vientos de hasta 275 km/h en el norte de Honduras.

     Durante su lenta trayectoria de tres días sobre Nicaragua, Honduras y el país de Guatemala, Eta se degradó a tormenta tropical y luego a depresión tropical, dejando fuertes lluvias en gran parte de Honduras y ocasionando un aumento en el nivel de los ríos, inundaciones y deslizamientos de tierra en el país.

     El 16 de noviembre de 2020, el Huracán Iota, de categoría 5. tocó tierra, degradándose rápidamente de un poderoso huracán a depresión tropical siguiendo casi la misma trayectoria que había seguido Eta. El Huracán Iota ocasionó aún más inundaciones y daños por vientos, afectando a comunidades ya vulnerables tras el paso de Eta, lo que agravó aún más las necesidades humanitarias y la inseguridad alimentaria.

     Según datos oficiales de la Comisión Permanente de Contingencias, COPECO; los daños que dejaron de 114 pérdidas humanas, 19 desaparecidos, 81 ríos y quebradas desbordados, más de 21 mil viviendas dañadas y daños generales en los bordos de contención del Canal Maya y la inundación completa del Aeropuerto Internacional Ramón Villeda Morales.

     Las imágenes eran desoladoras, pero los encuentros reconfortantes, los abrazos familiares eran el único consuelo ante tanta devastación; cientos de viviendas aterradas, cientos de lágrimas en las mejillas,  cientos de sueños ahogados. El motor económico del país estaba convertido en un pedazo de tierra vulnerable y reconstruirlo no era un deseo realista en ese momento.

     Las comunidades afectadas eran incontables solo en San Pedro Sula, al menos 12 colonias se  vieron afectadas por la cantidad de agua dejando incomunicadas a varias de ellas, para La Lima, El Progreso, Chamelecón y Choloma más del 50% de sus comunidades registraron daños estructurales, sobre todo en escuelas, casas y negocios.

Vista de viviendas del Municipio de La Lima

     Para Oscar Zambrano, rescatista de Copeco, el trabajo realizado en las inundaciones fue sumanente complicado pero satisfactorio al mismo tiempo. Su familia que se encontrada acorralada por el agua, fue su mayor motivación para seguir adelante.

     “No había horarios, trabajábamos día y noche… a veces solo llegábamos a la casa a bañarnos para volvernos enlodar, yo no quería continuar, pero al pensar en la gente, como nos llamaba y nos pedía ayuda eso era suficiente para tomar fuerza y continuar” recalcó Zambrano.

     Así como el esfuerzo de cada uno de los rescatistas, médicos, bomberos, la experiencia vivida desde los ojos de cada hondureño fue única, importante  e inolvidable.

     Después de las evacuaciones, algunos hondureños tuvieron que permanecer en el techo de sus casas hasta poder ser rescatados, muchas familias se aferraban a lo poco que tenían, a aquello que había costado mucho esfuerzo, sudor y lágrimas.

    La historia relatada desde cada uno de los afectados podría mostrar la triste realidad de un país donde la desigualdad es tan grande como su extensión territorial. Para Rigoberto Tuang, un hombre de la tercera edad de la Colonia Filadelfia en La Lima Cortes, recordar la catástrofe es revivir las escenas que le marcaron para el resto de su vida.

    Don Rigoberto vive en la Colonia Filadelfia desde hace 14 años, solo acompañado de sus mascotas a las que ama como parte de su familia. Para el señor Tuang, tener que evacuar sin poder llevar a sus animales fue una de las decisiones más duras que ha tomado, así lo relató.

     “Yo escuché como un estruendo y después un sonido como que habían encendido un motor de avión, cuando me asomé y vi cuando venía el agua, tomé un trompeta y alerté a los vecinos diciendo; se rompió, se rompió el canal maya, se rompió… y la gente comenzó a salir con sus bojotes”, exclamó don Rigoberto.

     Así como él, miles de hondureños vivieron un momento duro y peor aún las secuelas siguen siendo vigentes y dolorosas, las familias afectadas no han podido despegar, ¿factores? muchos… culpables también.

    Ante esto las preguntas siguen surgiendo, ¿como está preparado Honduras para enfrentar y recuperarse de estos fenómenos cada 20 años?, ¿por qué existen familias aún viviendo fuera de sus hogares?… Hay muchas y pocas respuestas.

   Eta y Iota trajo destrucción y caos y el miedo de una futura inundación aún sigue vigente en el corazón de todas las familias, pero también Eta y Iota mostraron que en los hondureños está la posibilidad de crear un mejor sociedad.

Reportaje: Kenia Chinchilla

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